VIERNES RETRO, hablemos de historia.

Es solo un motor. Pero.. si no se vivió es difícil que se entienda. Hoy se habla de “sacarle potencia” a un motor, a estos había que ponerle! el nombre de Surumpio 18-5 era por 18 hp (Si, una 110 de hoy) y 5 marchas. Y los 18 Hp medidos en el cigueñal, o sea sin la pérdida en el embrague, la caja de cambios, la cadena y la rueda, o sea que al suelo llegarían 12/13.


Con eso corríamos, y que felices éramos y que importantes pilotos nos sentíamos!
Después vinieron los inventos! Las torres postizas para ponerle flapper, los escapes “Mosca” por arriba del cilindro, meterle una camisa de YZ para copiar el cruce y dejar la mitad de los dedos adentro, mientras limábamos con las limas cola de ratón, y meta lija para pulir transferencias. Remacharle al carter injertos de chapa para darle mas compresión, rebajar la tapa de cilindro para que tenga mas compresión arriba, los carburadores 32…
que manera de trabajar!!!
Pero cuanta ilusión encerraba todo eso, y desilusiones también! Poner un pistón Persan de los que venían semiterminados para dejar la traba del aro en la posición que nosotros queríamos, hacer de un alambre grueso de bronce esa traba y después limar un aro con sus trabas hacia adentro.
Ni hablar de cromo, nikasyl, etc… todo fierro y aluminio, como mucho una camisa de fundición centrifugada.
E ir a correr, como sea, como salga, como se pueda.
A las suspensiones, saben como se las ponía mas duras o mas blandas? agregando kerosén al aceite!!!
Y así podría contarles mil cosas de como era PONERLE POTENCIA a una Surumpio.
Una vez, en Argentina existió algo que se llamó ALCONAFTA. Los tanques de las Surumpio eran de fibra de vidrio y aguantaban mas o menos la nafta normal. Con esa ALCONAFTA se derretía todo, y la resina pasaba al carburador. O sea… a los dos días era imposible limpiar ese carburador y había que tirarlo.
Historias, memoria, nostalgia, pero admirando lo nuevo sin dejar de recordar de donde venimos.
Ese taller con piso de tierra, una lámpara de 75 colgando en un cable entelado, y la llave de luz de cerámica.
Cerramos la puerta, la luz amarillenta hace brillar el poco cromado de la moto, pero mas brillan los ojos ilusionados de aquel pibe que empezaba a correr con SU SURUMPIO.
Gracias por leerlo, a vos que renegás porque no conseguís levas para ir mas rápido con tu 450. Eran otros tiempos, era otra vida, otro motocross.
Pero gracias a aquel deporte, gozamos del que hoy tenemos.
Pampero.

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